Qué se busca exactamente
Conviene definir el objetivo con precisión, porque muchos intentos de mejora fracasan por perseguir la cosa equivocada. No se busca una voz bonita ni un sonido de radio. Se busca una voz cercana, inteligible y sin cola de reverberación.
Cercana significa que la proporción entre la voz y todo lo demás es alta. Inteligible significa que se entiende sin esfuerzo, también a volumen bajo. Sin cola significa que al terminar una palabra no se oye la habitación repitiéndola.
Los tres objetivos se consiguen con colocación y espacio, no con procesamiento. Un audio con eco no se arregla después: el eco está mezclado con la voz y no se puede separar de forma limpia.
- 01Minuto 1
Escuchar la sala. Grabar diez segundos de silencio y oírlos con auriculares al volumen máximo. Lo que aparezca ahí estará debajo de toda la pieza.
- 02Minuto 2
Apagar. Climatización, frigorífico si se puede, ventiladores, notificaciones. La lista es siempre más larga de lo que parece.
- 03Minuto 3
Colocarse. Lejos de paredes desnudas y de esquinas, cerca de superficies blandas. Una habitación con ropa, cortinas o libros es un estudio suficiente.
- 04Minuto 4
Ajustar distancia y eje. Unos veinte centímetros, con el micrófono ligeramente fuera de la línea directa de la boca para evitar las explosiones de las consonantes fuertes.
- 05Minuto 5
Toma de referencia. Grabar treinta segundos hablando como se va a hablar, escucharlo y ajustar. Corregir después de tres horas de grabación no es una opción.
Procedimiento propuesto por esta redacción a partir de la práctica habitual. No recomienda ningún equipo concreto ni cita precios.
Distancia y eje
La distancia de trabajo razonable para voz hablada es del orden de veinte centímetros. Más cerca aparecen problemas de proximidad y de explosiones consonánticas; más lejos empieza a entrar la sala.
El eje importa tanto como la distancia. Hablar directamente contra la cápsula produce golpes de aire en las consonantes fuertes. Colocar el micrófono ligeramente por debajo, por encima o al lado de la línea directa de la boca elimina la mayor parte de ese problema sin necesidad de ningún accesorio.
Cuando se usa un micrófono de solapa, la colocación estándar es a la altura del esternón, sujeto de forma que no roce con la ropa. El roce es la causa más frecuente de tomas inservibles con este tipo de micrófono y se detecta en la toma de referencia si se hace.
Elegir el sitio dentro de la casa
No hace falta una sala tratada. Hace falta elegir bien dentro de lo que hay, y la elección tiene reglas sencillas.
- Superficies blandas cerca: cortinas, ropa colgada, sofá, alfombra, estanterías llenas.
- Lejos de las esquinas y de las paredes paralelas desnudas, que es donde se concentran las reflexiones.
- Techos bajos mejor que altos.
- Espacios pequeños mejor que grandes, siempre que no sean cajas de superficies duras.
Un dormitorio con la cama deshecha y el armario abierto suena mejor que un salón amplio y ordenado. Es contraintuitivo desde el punto de vista visual y correcto desde el acústico, y es una de las tensiones reales cuando se graba imagen y sonido a la vez.
Cuando esa tensión existe, hay una solución que resuelve casi siempre: grabar el sonido por separado del plano bonito, con la voz capturada en la esquina blanda de la habitación y la imagen en el sitio que interesa visualmente.
El ruido que se deja de oír
El fenómeno perceptivo más peligroso al grabar es la adaptación al ruido constante. A los cinco minutos en una habitación, el sistema auditivo deja de registrar el zumbido del frigorífico o el murmullo del aire acondicionado. La grabadora no se adapta.
De ahí la utilidad de la comprobación previa con auriculares, que interrumpe esa adaptación y devuelve la percepción del fondo.
Conviene también anticipar los ruidos intermitentes, que son peores que los constantes porque no se pueden reducir de forma uniforme: un ascensor, una nevera que arranca, tráfico irregular, obras. Con los constantes se puede convivir. Con los intermitentes hay que esperar o cambiar de sitio.
Grabar bien también es hablar bien
Una parte de la calidad percibida no es técnica. La respiración audible, la boca seca, la velocidad excesiva y la entonación plana producen tomas que ninguna mezcla arregla.
Tres correcciones sencillas: beber agua antes y no durante, separar la respiración de las frases dejando un instante entre unidades, y hablar algo más despacio de lo que parece natural, porque el nerviosismo acelera de forma sistemática.
Y una que tiene que ver con la escritura: un texto que se puede decir se dice mejor. Buena parte de los problemas de interpretación son problemas de frases mal construidas, algo que tratamos en escribir para el oído.
Lo que se corrige después, y en qué orden
El procesamiento posterior de una voz bien grabada es poco y sencillo. En orden.
Limpieza de fondo, con moderación. Una reducción de ruido suave elimina el zumbido residual. Una agresiva produce una voz con artefactos metálicos que suena peor que el ruido que quitaba.
Filtro de graves, para eliminar la energía por debajo del rango de la voz, donde solo hay ruido de manipulación y de ambiente.
Compresión suave, para igualar las diferencias entre las frases más y menos enfáticas sin destruir la dinámica.
Nivel final, referido a una sonoridad consistente entre piezas. Las recomendaciones EBU R 128 y UIT BS.1770 describen cómo medirla, lo que evita que cada pieza suene a un volumen distinto.
Lo que no aparece en esta lista, deliberadamente: ninguna herramienta que prometa arreglar una grabación mala. Existen y funcionan hasta cierto punto, y su resultado sigue siendo peor que haber colocado bien el micrófono.
La segunda toma es gratis
Una costumbre que ahorra mucho trabajo: grabar siempre la voz dos veces seguidas, sin cambiar nada.
La segunda toma casi siempre es mejor, porque la primera funciona como calentamiento. Y tener dos permite reparar en montaje una palabra tropezada sin volver a grabar, porque las condiciones acústicas son idénticas.
El coste es un minuto. El coste de descubrir un defecto irreparable cuando ya se ha desmontado todo es una tarde.